Ser buenos


Hace años, cada viernes, al volver hacia casa desde el Paseo de Rosales, por el de Moret, bajando por el Paseo de Camoens, en la acera izquierda me encontraba dos coches aparcados, pero sin mucha formalidad, sin colocarse exactamente sobre las plazas pintadas en el suelo. Cerca, en la acera, había un hombre y una mujer hablando, de pie. Siempre. Cerca.

camoens

Supongo que pasaron semanas, o meses, hasta que me di cuenta de que eran los mismos de otras semanas, y empecé a fijarme en ellos. No recuerdo la marca de los coches, pero seguro que nada ostentosos, y de colores discretos. Se convirtió en una costumbre para mí buscarlos, darme cuenta de que allí estaban. Pero solamente eran la curiosidad de un paseo desierto a esas horas, casi las 5 de la tarde, sin coches aparcados, solo con algún paseante, y por donde yo circulaba despacio.

Porque la limitación de velocidad es estricta, y la tentación de correr alta. Y, por qué no decirlo, porque ocasionalmente se colocan coches de la Policía Municipal con radar para asegurarse de que cumplamos el Código de la Circulación y seamos buenos.

radar

Hasta que no les vi un día de pie, discretamente detrás de un árbol, cercanos, parecía que besándose, no me di cuenta de lo que había sido un testigo intermitente y lejano de una relación.

Como la imaginación es libre, y yo la tengo viva, me hice mi propio relato de la historia. Dos amantes se veían el poco tiempo que tenían libre, a la salida del trabajo, camino de sus casas.

Nunca he sido muy despierto, lo confieso (no es ningún secreto) y no me di cuenta de lo obvio hasta casi chocarme con ello. Nada raro en mí, por lo demás, que tampoco me enteré de hechos mucho más cercanos e importantes para mí. Pero daba igual.

Soy optimista. Espero que se quisieran. Que decidieran. Que eligieran. Deseo, por qué no va a ser así, que son felices. Por qué no juntos.

Los adjetivos nunca describirán suficientemente situaciones como esa de la que yo fui un lejano oteador. El sufrimiento, la felicidad, el alivio, la ansiedad, el desahogo, la inquietud de meses, quizá años de buscarse entre sombras, en lugares recoletos, a saltos interrumpidos por otros, solo unos pocos escritores podrían, han podido y podrán contarlo de forma que se entienda, se sienta, se viva.

Cuando bajo por el Paseo de Camoens, todas las semanas, sólo sonrío, siento un pequeño escalofrío, y despierta en mí, un poco más, la esperanza en mañana.

Ser… buenos.

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Acerca de Rafael

Médico del Trabajo y Médico de Familia y Comunitaria. Cuasi-Friki. Del Atleti. Padre de 3 asombrosas maravillas. Nunca dejes de Soñar.
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Una respuesta a Ser buenos

  1. pperez dijo:

    Buenas,
    Soy periodista de LA RAZÓN y me gustaría entrevistarle. Le dejo mi correo y me escribe si le interesa.

    pperez@larazon.es

    Gracias y un abrazo,
    Pilar

    Me gusta

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